El misterio de un hombre pequeñito: novela (Spanish) Chapter 28

Consumada su venganza, don Gil, que vivía completamente ajeno á las peripecias de su vida nocturna, experimentó un bienestar inesperado. Nunca, desde la muerte del señor Frasquito, había sentido mayor plétora de salud. Dormía nueve horas, tenía ganas de pasear, de ir al Casino y hasta sus labios hubieron una vez un conato ó intento de sonrisa. Era una satisfacción íntima, analéptica, remozadora, que el hombre pequeñito no sabía á qué ocultos motivos referir.

«Estoy contento—solía decirse—; estoy muy contento, y, sin embargo, nada bueno me ha sucedido»...

Durante años, semejante á un escultor, su alma misteriosa había preparado y burilado su venganza. El deseo de castigar el asesinato de su padre, dió perseverancias sobrehumanas á su voluntad: él indujo á Frasquito Miguel á echarse en los brazos de Rita; él dispuso su muerte y la de sus hijos. Del odiado{307} gorgotero no quedaría nada, ni aun la amante, que, según cábalas y previsiones de don Gil, en plazo no lejano rendiría su cabeza al verdugo. Realizado su plan, el brujo cruzóse de brazos, cansado y orondo.

Estas vacaciones proporcionaron á su alma un mayor enardecimiento amoroso, y, sobre todo, efervorizaron temerariamente aquel deseo que le empujaba hacia doña Fabiana. Como hombre que de todos los placeres terrenales sólo apetece uno, don Gil, en sueños, meditaba:

«No me importaría morir si esa mujer fuese mía... siquiera una vez...»

Mas, ¿cómo separarla de su marido? ¿Cómo preparar á su virtud una emboscada cierta?... Esto suponía que la señora de Martínez estuviese dormida y despierto don Ignacio, pues alejados entonces por el abismo que separa la vigilia del sueño, el veterinario no podría socorrer á su esposa. Desgraciadamente para don Gil, doña Fabiana se acostaba siempre después de su marido.

Una noche, alrededor de las diez, Fermín dormitaba en el zaguán de la Fonda del Toro Blanco, sentado en una silla, cuando la voz y la presencia de don Gil le despertaron. El hominicaco, evitando asustarle, le llamaba suavemente:

—Fermín..., Fermín...

Era un bisbiseo leve y blando. Abrió el tartanero los ojos, y reconociendo á su interlocutor, se levantó solícito.

—Mande usted, don Gil...

—Vengo á decirte que luego, á las doce en punto, estés con tu coche delante del portal de don Ignacio.

—Muy bien, don Gil.

—Procura ser exacto.

—¿Es que el señor Martínez va de viaje?

—Lo ignoro. Sólo te encargo que acudas donde digo á la primera campanada de las doce.{308}

—Pierda usted cuidado; y, por lo que después pueda suceder, voy á echarles á los caballos un pienso.

En tanto hablaba, el tartanero miraba con cierto asombro á su interlocutor: parecíale más diminuto, más amarillo, que otras veces; como si fuese la imagen de don Gil y no su persona, en carne mortal, la que tenía delante.

Fuese el enano y Fermín, malhumorado y soñoliento, empezó á renegar de su raída fortuna. Pedro, el cocinero de la fonda, quiso saber el motivo de aquel enojo.

—¡Una friolera!—replicó Fermín—A los pobres todo nos sale del revés. Hoy pensaba acostarme en seguida, porque esta mañana me levanté cuando aun había estrellas, y acaban de decirme que vaya á media noche con la tartana á casa de don Ignacio.

—¿Para qué?

—No sé; me pareció imprudente preguntarlo.

—¿Cuándo te lo han dicho?

—Ahora mismo.

—¿Ahora mismo?... ¿Quién trajo el recado?

—Don Gil.

Pedro se asombró y, sin transición, su pasmo convirtióse en desdén y risa.

—¡Chico!... ¡Tú andas mal de la cabeza! Eso que cuentas lo has soñado. ¡Si hace quince ó veinte minutos que yo estoy ahí, en la puerta, y no he visto á nadie!...

—¿A don Gil Tomás, tampoco?

—Tampoco; no, señor...

Fermín se alzó de hombros:

—¡Déjame de historias! El dormido ó el borracho serás tú. ¿O es que yo no conozco á las personas ni entiendo lo que veo?... Don Gil Tomás ha estado aquí, hablando conmigo...

Incrédulo y alegre, Pedro prorrumpió en carcajadas:{309}

—¡Tú has bebido, Fermín!... ¡Tú estás peneque, Fermín!...

El tartanero, furioso, le volvió la espalda y se marchó rezongando injurias.

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